Aproximadamente
200 especies botánicas de rosas son nativas del hemisferio norte, aunque no
se conoce la cantidad real debido a la existencia de poblaciones híbridas en
estado silvestre. Actualmente, las variedades comerciales de rosa son
híbridos de especies de rosa desaparecidas. Para flor cortada se utilizan los
tipos de té híbrida y en menor medida los de floribunda. Los
primeros presentan largos tallos y atractivas flores dispuestas
individualmente o con algunos capullos laterales, de tamaño mediano o grande
y numerosos pétalos que forman un cono central visible. Los rosales
floribunda presentan flores en racimos, de las cuales algunas pueden abrirse
simultáneamente.
Las
flores se presenta en una amplia gama de colores: rojo, blanco, rosa,
amarillo, lavanda, etc., con diversos matices y sombras. Éstas nacen en
tallos espinosos y verticales.
La
propagación se puede llevar a cabo por semillas, estacas, injertos de vareta
e injertos de yema, aunque es este último el método más empleado a nivel
comercial.
La reproducción por semillas está limitada a la obtención de
nuevos cultivares.
Las
estacas se seleccionan a partir de vástagos florales a los que se
le ha permitido el desarrollo completo de la flor para asegurar que el
brote productor de flores es del tipo verdadero. Además, los brotes sin flor
son menos vigorosos, por lo que poseen menos reservas para el enraizamiento.
Pueden
utilizarse estacas con 1, 2 ó 3 yemas, dependiendo de la disponibilidad de
material vegetal, aunque son preferibles las de 3 yemas, ya que presentan
mayor longitud y más tejido nodal en la base, disminuyendo así las pérdidas
debidas a enfermedades.
La
base de las estacas se sumerge en un compuesto a base de hormonas enraizantes
antes de proceder a la colocación en un banco de propagación con sustrato de
vermiculita o con propiedades similares, con una separación de 2,5-4,0 cm
entre plantas y 7,5 cm entre hileras.
Debe
mantenerse una humedad adecuada y una temperatura en el medio de 18-21 ºC. En
estas condiciones el enraizamiento tiene lugar a las 5-6 semanas, dependiendo
de la época del año y de la naturaleza del vástago. Posteriormente se
procede al trasplante a macetas de 7,5 cm o directamente al invernadero.
El
problema de este sistema es que las plantas con raíz propia son bastante
pequeñas y necesitan un tiempo considerable para que la planta crezca lo
suficiente para que se comiencen a recolectar flores.
El
injerto de vareta o injerto inglés, rara vez se utiliza para la
producción comercial de flor de corte, ya que también requiere demasiado
tiempo.
Para el
injerto de yema el patrón más común es Rosa manetti
y, ocasionalmente, R. odorata. En Nueva Zelanda se emplea R.
multiflora inermis y en zonas más frías como Holanda, R. canina.
El
material para los patrones se obtiene de plantas que han sido tratadas con
calor para la eliminación de virus y otras enfermedades. A finales de
septiembre se cortan los brotes largos de las plantas patrón, se les eliminan
las espinas y se sumergen en una solución de hipoclorito sódico (1/3 de 1%)
durante 15 minutos. Se cortan en segmentos de 20-21 cm y se quitan las yemas
de las estacas, retirando todas las yemas inferiores, dejando tres en el
extremo superior. Después del tratamiento o desinfección del suelo, se
procede al abonado de fondo previo análisis de suelo. Los tallos se tratan
con hormonas enraizantes y plantan en surcos separados a 122 cm,
distanciándolos a 13 cm, desde mediados de noviembre hasta mediados de
diciembre, dando un riego inmediatamente después de la plantación.
El
injerto normalmente se realiza a mitad de junio, cuando ya hay suficiente
enraizamiento y la corteza se pude pelar fácilmente. Se practica una
incisión en forma de "T" hasta la profundidad del cambium, bajo los
brotes del patrón. Se inserta entre las solapas que forman la "T"
la yema procedente del brote de un cultivar elegido, procurando un sistema de
sujección por encima y por debajo de la yema. Transcurridas 3-4 semanas se
corta aproximadamente 1/3 del patrón por encima del injerto y se rompen las
puntas, las cuales serán eliminadas 3 semanas después, cuando se extraen los
patrones del suelo. Las plantas se limpian y se clasifican según su calidad
(desarrollo del sistema radicular, crecimiento de la planta, etc.), se
empaquetan y se almacenan en frío (0-2 ºC) hasta que se transportan al
floricultor entre enero y junio.
En Holanda se emplea una técnica alternativa conocida como "stenting",
que consiste en en injertar lateralmente el cultivar deseado sobre una
estaquilla del portainjertos que se enraíza mediante los métodos normales de
propagación.
Con
el cultivo de rosa bajo invernadero se consigue producir flor en épocas
y lugares en los que de otra forma no sería posible, consiguiendo los mejores
precios. Para ello, estos invernaderos deben cumplir unas condiciones
mínimas: la transmisión de luz debe ser adecuada, la altura tiene que
ser considerable y la ventilación en los meses calurosos debe de ser buena.
Además, es recomendable la calefacción durante el invierno, junto con la
instalación de mantas térmicas para la conservación del calor durante la
noche.
Para
el cultivo de rosas el suelo debe estar bien drenado y aireado para evitar
encharcamientos, por lo que los suelos que no cumplan estas condiciones deben
mejorarse en este sentido, pudiendo emplear diversos materiales orgánicos.
Las
rosas toleran un suelo ácido, aunque el pH debe mantenerse en torno a 6. No
toleran elevados niveles de calcio, desarrollándose rápidamente las clorosis
debido al exceso de este elemento. Tampoco soportan elevados niveles de sales
solubles, recomendándose no superar el 0,15 %.
La
desinfección del suelo puede llevarse a cabo con calor u otro tratamiento que
cubra las exigencias del cultivo. En caso de realizarse fertilización de
fondo, es necesario un análisis de suelo previo.
El
índice de crecimiento para la mayoría de los cultivares de rosa sigue la
curva total de luz a lo largo del año. Así, en los meses de verano, cuando
prevalecen elevadas intensidades luminosas y larga duración del día, la
producción de flores es más alta que durante los meses de invierno. No
obstante, a pesar de tratarse de una planta de días largos, es necesario el
sombreo u oscurecimiento durante el verano e incluso la primavera y el otoño,
dependiendo de la climatología del lugar, ya que elevadas intensidades
luminosas van acompañadas de un calor intenso. La primera aplicación del
oscurecimiento deberá ser ligera, de modo que el cambio de la intensidad
luminosa sea progresivo.
Se
ha comprobado que en lugares con días nublados y nevadas durante el invierno,
podría ser ventajosa la iluminación artificial de las rosas, debido a un
aumento de la producción, aunque siempre hay que estudiar los aspectos
económicos para determinar la rentabilidad (Hasek , 1988).
Para
la mayoría de los cultivares de rosa, las temperaturas óptimas de
crecimiento son de 17 ºC a 25 ºC, con una mínima de 15 ºC durante la noche
y una máxima de 28 ºC durante el día. Pueden mantenerse valores ligeramente
inferiores o superiores durante períodos relativamente cortos sin que se
produzcan serios daños, pero una temperatura nocturna continuamente por
debajo de 15 ºC retrasa el crecimiento de la planta, produce flores con gran
número de pétalos y deformes, en el caso de que abran. Temperaturas
excesivamente elevadas también dañan la producción, apareciendo flores más
pequeñas de lo normal, con escasos pétalos y de color más cálido.